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¿Y todo lo que te pierdes por ser tímido?

¿Y todo lo que te pierdes por ser tímido?

Hablas poco, te quedas con ganas de decir algo pero callas, rehuyes las reuniones que te exigen protagonismo, piensas en pedir el micrófono en una reunión y se te acelera el pulso. ¿Te identificas? En principio ser tímido no es algo negativo, pero hay ocasiones en que interfiere en tu vida y te angustia. ¡En esos casos hay que ponerse manos a la obra!

Ser tímido está bien visto en determinadas situaciones, el problema es que llevado al extremo puede amenazar la estabilidad de la persona, impidiendo que se desarrolle como quisiera y dificultando las relaciones con los demás. La línea en la que comienza el problema depende de cada uno, pero el piloto rojo se enciende siempre que ser tímido produzca angustia e interfiera en las actividades profesionales, sociales y familiares.

No es lo mismo ser tímido que ser introvertido. Un introvertido vive “hacia adentro”, es reservado pero puede no ser tímido, por decirlo de alguna manera es una elección, y en principio una persona introvertida no tiene dificultades de comunicación ni le angustian las interacciones sociales.

En cambio una persona tímida, frente a una reunión social sufre una serie de reacciones psicosomáticas (sudor, enrojecimiento facial, aceleración del ritmo cardíaco, sequedad de boca, palpitaciones, diarreas y vómitos, un nudo en la garganta y muchas otras).

El origen de la timidez es educativo y hereditario, aunque las experiencias infantiles son decisivas en la génesis de la timidez y la inseguridad: sobreprotección paterna (que incapacita al niño en la reafirmación de sus capacidades) y las expectativas excesivas de los padres generan introversión y retraimiento; factores culturales como la religión, que alaba en exceso el recato y la discreción; la sociedad,  con normas que enseñan a ocultar los sentimientos e incluso venir de un hogar con pocos recursos puede causar inseguridad, sentimientos de inferioridad y temor. Todo ello son ingredientes que ayudan a generar timidez.

La timidez es un hábito que se fortalece si no se actúa contra él. Como en casi todos los miedos hay que afrontarlo de frente y no huir: aguantar la presión de las miradas, quedarse en el grupo: actuar.

No se trata de hallar valor para hablar, sino de hablar para hallar valor.afirma el psicólogo G. Weimberg.

Lo que no debes hacer

  • Negar la realidad: la evitación puede llegar al punto de enfermar para no tener que enfrentar situaciones angustiosas, o decirse que en el fondo tampoco nos interesaba tanto.
  • Reprimir: evitar que los pensamientos peligrosos o dolorosos entren en la conciencia.
  • Desplazar: descargar los sentimientos acumulados sobre personas que se perciben como más débiles.
  • Fantasía: satisfacer la frustración mediante ideaciones.
  • Aislamiento emocional: retirarse a la pasividad, para protegerse del daño.
  • Regresión: posicionarse en un nivel de desarrollo anterior, con respuestas inmaduras que justifican nuestra conducta.

Claves para superar la timidez

  • Piensa que no estás solo. Casi todo el mundo siente miedo, o nervios ante un reto nuevo, la diferencia está en la manera de reaccionar ante él.
  • Intenta que tu timidez no se convierta en algo obsesivo, pues te centrarás en ti mismo, incrementando la sensación de torpeza y poca naturalidad.
  • Destierra el miedo al fracaso o al ridículo. No te juzgues duramente, hay que intentarlo, y si no sale bien a la primera, aprender de los errores. Hasta los grandes oradores tienen muchas horas de trabajo detrás.
  • Ve incrementando los retos progresivamente. Comienza por grupos pequeños y de confianza para ir ampliándolos poco a poco.
  • Busca un tema de conversación que te motive y controles. Utilizarlo te dará seguridad y capacidad de seducción al ponerte cara a un grupo.
  • Da la cara. Mira de frente y a los ojos, utiliza el lenguaje corporal.
  • No te obsesiones con caer bien a todo el mundo. No tengas miedo a decir no, o a exigir tus derechos cuando un servicio no es lo que debiera.
  • No seas paranoico. No tenemos poder para leer la mente, intenta no malinterpretar gestos y palabras de otros y piensa que cada cual lleva sus preocupaciones de las que tú no eres el centro. Si dudas, pregunta.
  • Aprende a reírte de ti mismo. No tomarnos tan en serio y desdramatizar errores y meteduras de pata es señal de inteligencia.
  • Cuida tu aspecto y escucha al que tienes delante. Resultarás más agradable y encontrarás a los demás mas perceptivos a lo que tengas que contar.
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