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Cómo mejorar como padres

Cómo mejorar como padres

Se acerca el día del padre. Es un buen momento para observarnos y ver si hay cosas que podríamos mejorar en cuanto a la educación de nuestros peques.

El modelo de padre ha cambiado con los años,  antiguamente los papás tenían un rol secundario, eran los proveedores materiales de la casa mientras que la figura materna era la de cariño, cuidado y atención de los hijos. Era normal que el padre estuviera ausente entre semana y no se implicara en el cuidado emocional de los hijos. Afortunadamente éste rol ha cambiado con los años. La crianza de los hijos se ve como algo compartido donde los dos roles, materno y paterno tienen la misma importancia, aunque sigan desempeñando funciones diferentes, se espera mucha más presencia, implicación y ayuda a la hora de educar a los hijos.

Salvo conductas patológicas, no hay padres “buenos” y “malos”, las personas hacemos lo que podemos y sabemos, arrastrando nuestros pequeños traumas que a su vez nos transmitieron nuestros padres. Ser un padre excelente implicaría ayudar a nuestros hijos a desarrollar la empatía, la honestidad, la autosuficiencia, el autocontrol, la bondad, la cooperación, la alegría. Ayudarlos a ser curiosos, a pensar por si mismos, a automotivarse y superarse. Darles herramientas para protegerse ante la ansiedad, la depresión, los trastornos alimentarios, los comportamientos antisociales y los abusos en consumo de sustancias.

Las personas básicamente repetimos modelos aprendidos. Por este motivo resulta importante el autoconocimiento, para reconocer nuestras carencias y poderlas compensar de manera consciente de cara a aquello que les transmitimos a los niños.

Debemos recordar que en principio todos actuamos por instinto. Éste está conformado por la genética, que nos enseña como animales mamíferos aquello que resulta esencial para nuestras crías, junto con las conductas y modelos que a nuestra vez hemos recibido y observado de pequeños. Por ejemplo, un padre que ha sido maltratado de pequeño tendrá mayores impulsos de golpear a su hijo ante una situación difícil, y le parecerá más justificado, le saldrá “instintivamente” con mayor probabilidad que a otro que haya recibido una paternidad más dialogante. A su vez ese niño golpeado, al que no se le ha escuchado ni dado voz aprenderá a relacionarse así en el futuro. Si mantienes una buena relación con tu hijo, confías en él, escuchas sus opiniones y las debates estarás promoviendo estas conductas en sus relaciones futuras.

Consejos para mejorar como padres:

  1.  A los niños hay que dedicarles tiempo. Mucho. Personalmente no me gusta cuando se habla de “tiempo de calidad” en la paternidad. Puede servir para las amistades, o la pareja, pero no con los niños. Éstos deben en primer lugar sentir que estamos ahí, que nos encontrarán cuando los necesitamos. Con eso se sembrarán las bases del apego, para que cuando sean adultos puedan establecer relaciones sanas y sin dependencia con otras personas.
  2. Eres su modelo. Hay que tenerlo siempre presente, porque lo que ven son los referentes que absorberán como normalidad. Si fumas es muy probable que ellos lo hagan. Si abusas del alcohol estás dando un mensaje de normalidad hacia el consumo. Si gritas conduciendo estás enseñándoles a reaccionar con violencia ante las frustraciones o injusticias. Tus hijos te están observando y te copiarán en el futuro.
  3. No limites tus demostraciones de afecto. El amor nunca es demasiado. No hablo aquí de indulgencia, o de comprarles a través de cosas materiales para lograr su afecto. En consonancia con lo que he dicho antes haremos que sean adultos afectivos, asertivos y expresivos, lo que se traducirá en una mayor salud mental en el futuro.
  4. Involúcrate en aquello que es importante para él. Que no sea sólo la mamá la que pasa tiempo en el parque. Ve a las tutorías, anímalo en sus eventos deportivos. Ser un padre involucrado exige tiempo y es un trabajo que obliga a repensar las prioridades, sacrificando a veces cosas que para uno son importantes. Pero los hijos necesitan sentirte presente, física y mentalmente.
  5. Ejerce de padre. Adáptate a su momento vital, pero no olvides el rol que tienes. No eres su colega, ni su amigo. Estás obligado a marcarle límites, a establecer reglas que le entrenen en las normas sociales, y en la frustración con la que de adultos se deben afrontar. No hay que olvidar que nuestro deber es prepararlos lo mejor posible para una vida adulta autónoma. La sobreprotección le daña muchísimo y las consecuencias se arrastran toda la vida.
  6. No olvidemos que son niños. Así ante las situaciones es recomendable que les preparemos. Si hay que ir a una reunión que sabemos se les hará pesada hay que mentalizarlos. Decirles por ejemplo “tendremos que estar 45 minutos, y será aburrido. Lleva pinturas o un juego con el que entretenerte porque no podrás hacer ruido”.  Si no se les prepara es probable que por el cansancio y aburrimiento su comportamiento sea más molesto que si van mentalizados.
  7. La autonomía también pasa por que se haga responsable de sus cosas. Ya en primaria debe ser su tarea prepararse la mochila y el material del día siguiente. Hacer los deberes solo (aunque debemos ayudarles ante las dificultades, por supuesto), organizarse lo que debe hacer y asumir tareas domésticas en función de la edad. Promover la independencia ayuda a desarrollar el sentido de autocontrol, de autoestima y de la propia valia que necesitará durante el resto de su vida.
  8. Se coherente. Las reglas están para respetarse y los niños necesitan saber a qué atenerse. Si variamos las reglas a nuestra conveniencia seremos responsables del mal comportamiento de nuestro hijo, pues le resultará confuso. Identifica lo que no es negociable, basado en la lógica, la coherencia y la sabiduría. De esta forma el niño no te desafiará.
  9. No ejerzas disciplina severa. Bajo ninguna circunstancia se debe golpear a los niños. Ésto les convierte en agresores y mucho más propensos a utilizar éste medio para resolver conflictos. Funciona muchísimo más eficazmente otros métodos, como el “tiempo fuera”, que no implica agresión y nos permite calmarnos también a nosotros.
  10. Trata a tu hijo con respeto exactamente igual como lo haces con un adulto. Háblale educadamente, respeta su opinión, escucha cuando te habla. Nuevamente aquí estamos sembrando el comportamiento que él tendrá con los demás.
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